INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

en

SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO HOY

SÁBADO, 15 DE SEPTIEMBRE DEL 2007

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LA GENEALOGÍA Y LOS NIÑOS

Preparado por Julio Amable González Hernández

 

Es de creencia generalizada que la genealogía es una actividad de adultos. Muchos pueden pensar que se necesita haber adquirido cierta conciencia y madurez para adentrarse en la investigación y estudio de nuestros ancestros. Aún más, hay quienes señalan que la genealogía es “una actividad de viejos”.

Nada más lejano de la verdad.

Un experimento reciente llevado a cabo en el Colegio Babeque (secundaria) de Santo Domingo así lo demostró. María Josefina Álvarez Gautier, profesora del referido plantel escolar, le puso a sus alumnos de séptimo curso un trabajo de investigación consistente en presentar un reporte de sus ancestros directos hasta sus tatarabuelos, o sea cinco generaciones atrás.

El planteamiento del trabajo implicaba llegar a personajes que vivieron en el siglo XIX. Entre los 16 tatarabuelos a encontrarse, estos estudiantes, cuya edad oscila entre los 12 y 13 años de edad, debían profundizar en uno de ellos e investigar su participación en los diversos hechos históricos que se desarrollaban en el país para la época que les tocó vivir.

Los niños recibieron con entusiasmo el reto que les ponía su profesora e iniciaron de inmediato su proceso de recolección de información.

La primera fuente, por ser la más inmediata, estuvo en sus padres, quienes además de suplir la información básica, se identificaron con el proyecto y le dieron continuo seguimiento y apoyo.

Luego procedieron a visitar sus abuelos, los que ampliaron el espectro ancestral de estos noveles investigadores.

Después de haber agotado los recursos del entorno familiar, los niños se orientaron hacia fuentes bibliográficas de genealogía e historia dominicana, en las cuales pudieran encontrar información sobre los personajes del siglo XIX que ellos habían elegido.

El recurso de la internet estuvo a la orden del día. Su habilidad para navegar en el mundo de la autopista virtual les fue de mucho provecho.

Aún más, bajo la coordinación y orientación de su acuciosa profesora, los niños hicieron contacto con experimentados genealogistas del Instituto Dominicano de Genealogía, con el fin de ampliar y maximizar la información por ellos recabada.

El resultado de este experimento no podía tener mejores resultados. El 9 de mayo del 2007, los niños presentaron sus trabajos en una emotiva reunión del colegio, a la cual asistieron también sus padres.

En general, la calidad de los trabajos fue excelente. Hubo muchos trabajos presentados que bien ameritarían estar en una biblioteca de genealogía. Pero el efecto más positivo de este esfuerzo estuvo en el campo de la formación de los educandos.

A partir de este exitoso experimento, los niños empezaron a ver y percibir su familia desde una perspectiva diferente, muy particularmente a sus ancestros más remotos. El afloramiento de nuevos y desconocidos apellidos resultó una sorpresa inesperada.

Otro aspecto no menos importante fue su nueva visión de la historia dominicana. Hasta el presente, su percepción de la historia consistía en narraciones de sucesos, principalmente bélicos, dirigidos por héroes en contra de villanos. Cuán sorprendente fue encontrar personajes de la historia entre sus ancestros directos.

Ojalá tengamos en nuestras escuelas más experimentos de este tipo.

 

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