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INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC. |
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Cápsulas Genealógicas |
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SUPLEMENTO CULTURAL DEL DIARIO Hoy |
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SÁBADO, 26 DE JULIO DE 2025 |
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UNA GENEALOGÍA DISPERSA: LA PROLE DE ANITA PERDOMO |
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Preparado por Jaime Alberto Read Ortega |
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Acta de bautismo de Anita Perdomo En la vastedad del árbol genealógico dominicano, donde se entrecruzan linajes que marcaron la cultura, la educación y la vida pública, hay historias que con el tiempo parecieron diluirse entre fechas imprecisas y nombres apenas recordados. No pocas veces, estos hilos perdidos sólo pueden volver a tejerse gracias a la paciente consulta de documentos parroquiales, partidas de bautismo, actas civiles y el eco persistente de la tradición oral transmitida de generación en generación. La reconstrucción genealógica es, en esencia, una labor de rescate que requiere rigor, perseverancia y respeto por esas fuentes, cuyo valor muchas veces pasa inadvertido. Tal es el caso de Ana Matilde Perdomo Santamaría, nacida el 24 de agosto de 1852, cuya descendencia permanecía dispersa en archivos y memorias familiares hasta que, con un esfuerzo meticuloso, fue posible recomponerla y dar forma a un relato que une la intimidad doméstica con la historia social de su tiempo. Hija de Felipe Perdomo Luna y María del Carmen Santamaría, Anita —como le llamaban en la intimidad— fue la segunda hija de este matrimonio, precedida por su hermana Mercedes Laura, nacida en 1850 y más tarde casada con el industrialista italiano Juan Bautista Vicini Canepa, y seguida por su hermano Felipe, nacido en 1855 y más adelante unido en matrimonio con Virginia Bona Ramírez. Además, era media hermana por línea paterna y junto a otros, de Josefa Perdomo y Heredia (1834-1896), figura pionera de las letras dominicanas, a quien se reconoce como la primera mujer del país en publicar una obra literaria. Con apenas 14 años, en 1867, Anita quedó encinta de José David Henríquez y Carvajal, un joven de 16 años perteneciente a uno de los apellidos más reputados de la época, hijo de Noel Henríquez Altías y Clotilde Carvajal. Este vínculo, que no fue legitimado por matrimonio, quedó documentado en las fuentes civiles y eclesiásticas y confirmado por la memoria familiar, que durante décadas preservó los detalles de una relación de la que surgiría una prolífica descendencia. La conjunción de esos testimonios orales con los datos recogidos en las actas de bautismo de sus descencientes, permite hoy reconstruir esta historia familiar.
Altagracia Henríquez Perdomo de Coiscou La primogénita, Altagracia Henríquez Perdomo, vino al mundo el primero de noviembre de 1867, nacida fuera de la unión matrimonial, pero declarada por el padre. Su trayectoria personal sería reflejo de la apertura de oportunidades educativas para las mujeres dominicanas en el tránsito entre dos siglos. Altagracia se formó bajo la égida de su tía política, Salomé Ureña de Henríquez, en el recién fundado Instituto de Señoritas, donde se graduó en la primera promoción de maestras normalistas. Aquella generación sentó las bases del magisterio femenino en el país y ella figuró entre sus exponentes más entusiastas y activas. El 10 de agosto de 1890 contrajo matrimonio con Rodolfo Coiscou Carvajal, con quien procreó cuatro hijos: Rafael Rodolfo, Adelina María —que falleció siendo un infante—, Máximo, casado con Delia Weber, y Altagracia María Consuelo, a quien la familia llamaba con afecto “Mignon”. Varios de estos descendientes conservaron su vinculación con los círculos culturales y educativos que florecieron en la capital a fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Altagracia Henríquez falleció el 10 de abril de 1953, dejando a su paso un testimonio de vocación docente que las actas escolares y las reseñas de la prensa periódica permitieron documentar.
Carmen Julia Henríquez Perdomo La segunda hija, Carmen Julia Henríquez Perdomo, nació el 13 de junio de 1869, también nacida fuera del matrimonio, pero declarada por el padre. Julia siguió un destino semejante al de su hermana mayor. También discípula de Salomé Ureña, se graduó en la segunda promoción del Instituto de Señoritas. Su pasión por la enseñanza la llevó a comprometerse con la Sociedad de Enseñanza, fundada en 1901 por Eugenio María de Hostos y sus discípulos. Carmen Julia, con espíritu emprendedor, fundó en 1912 el Liceo Núñez de Cáceres, institución que llegó a ser un referente educativo de su época y que permitió a muchas jóvenes acceder a una formación rigurosa y moderna. En 1893 contrajo matrimonio con José Peña Cifré, hijo de los sancarleños Buenaventura Peña Abreu y María del Carmen Cifré, pero el vínculo se truncó pronto, pues su esposo falleció en 1896, apenas tres años después de la unión matrimonial, dejándola a cargo de su hija única, Carmita, nacida el 20 de agosto de 1894. Julia Henríquez viuda Peña falleció el 6 de abril de 1926. El Liceo Nuñez de Cáceres quedó provisionalmente a cargo de su hermana, por la línea paterna, la profesora Rosa de Noel Henríquez y más tarde contó con la dirección de Ana Luisa Alfau Viuda Ravelo (1927-29). Hacia 1929 la directora era la profesora Atala Cabral de Buonpensiere y la subdirectora y propietaria del plantel era la señorita Altagracia (Tatá) Perdomo Fernández. La rama masculina de la descendencia de doña Anita comenzó con Manuel Virgilio Perdomo, nacido el 21 de noviembre de 1874. Declarado hijo natural, aunque según la tradición oral también era vástago de José David Henríquez, fue bautizado en la Catedral Primada de América con sus tíos Felipe y Josefa Perdomo como padrinos, un detalle que conservó su registro parroquial y facilitó su identificación. Ya adulto, contrajo matrimonio con Elia Isabel Ramírez Vílchez en 1910. Su familia se estableció primero en Santo Domingo, donde vino al mundo su primogénita Ana Aleyda, nacida el 9 de abril de 1911, y más tarde en La Romana, región en auge por la industria azucarera. Allí nacieron Adriana Amancia, el 14 de enero de 1913; Virgilio Rafael Eugenio (1914-1960) —militante del Movimiento 14 de Junio, detenido en enero de 1960 y torturado en la cárcel de La 40—, Joaquín Eduardo, nacido el 9 de marzo de 1916; Josefina Marianela, nacida el 2 de agosto de 1917, y Lesbia Carlota (1922-1988). El menor de los hijos fue Martín Julio Perdomo, nacido el 21 de noviembre de 1878, hijo natural, aunque según los relatos familares también descendiente de José David Henríquez. Casó con Altagracia Fernández y juntos formaron un hogar fecundo. Su primera hija, Altagracia (1905-1984), fue bautizada en 1905 en la Catedral de Santo Domingo, con varios parientes como padrinos, entre ellos su tía política Elia Ramírez. Le siguieron Ana Teresa Eduviges, nacida el 15 de octubre de 1907; Ramona Hortensia (1909-1975), Rosalía y Rosa Julia (1913-1980), esta última bautizada en 1918, siendo sus padrinos sus primos Máximo y Mignon Coiscou Henríquez. Altagracia, Ana Teresa y Ramonita prolongaron la vocación educativa de la familia, pues, como ya se mencionó, tras la muerte de su tía Carmen Julia asumieron la dirección del Liceo Núñez de Cáceres hasta su cierre definitivo en la década de los 1940. La trayectoria vital de doña Ana Matilde Perdomo Santamaría fue larga y discreta. Falleció en 1941, a los 88 años, en su casa de la calle 10 de Septiembre —hoy Fabio Fiallo—, en Ciudad Nueva, frente al parque Ramfis, hoy Eugenio María de Hostos, en Santo Domingo. Sus restos descansan en el Cementerio de la avenida Independencia, junto a los de su hija Carmen Julia. Este modesto pero significativo linaje, que se bifurcó en varias ramas y dio lugar a las familias Coiscou Henríquez, Peña Henríquez, Perdomo Fernández, Perdomo Ramírez, Coiscou Weber y Ortega Peña, entre otras, es un ejemplo elocuente de cómo la combinación de archivos eclesiásticos, registros civiles y la memoria viva de los descendientes permite rescatar genealogías que parecían extraviadas. La recuperación de esta historia no sólo reanima nombres y fechas, sino que reivindica la contribución silenciosa de quienes legaron valores, instituciones y ejemplos que hoy constituyen parte esencial de nuestra herencia común. |