INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

 

SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO Hoy

SÁBADO, 19 DE DICIEMBRE DEL 2015

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CHINOS EN LA RURALÍA DE LICEY EN EL SIGLO xix (1 de 2)

Preparado por Edwin Rafael Espinal Hernández

 

Harry Hoetink llama la atención en el sentido de que “los escasos datos sobre el número de habitantes en el curso del siglo XIX deben ser utilizados, por supuesto, con la mayor cautela”, pero al mismo tiempo atribuye verosimilitud a las tendencias generales que ellos reflejan. En ese orden, no resulta arriesgado establecer una conexión directa entre los cambios demográficos anteriormente citados y las migraciones. Pero no obstante evolucionar en forma progresiva, el peso de la población extranjera en el caso de Santiago no fue considerable: extendiendo las comparaciones demográficas hasta la segunda década del siglo XX, tenemos que los extranjeros no representaron ni siquiera el 5% del total de la población de la ciudad, como lo refleja una comparación de los censos de 1874, 1893, 1898, 1904 y 1916.

Pese a ser mínima, hay que coincidir con Hoetink cuando consigna que “una parte del aumento poblacional [en el siglo XIX] debe ser atribuida a la inmigración”. El historiador holandés, sin establecer su orden, trata como principales grupos de inmigrantes de este período a los metodistas norteamericanos, los judíos sefardíes de Curazao, los canarios o isleños, los peninsulares, los cubanos y puertorriqueños, los haitianos, los procedentes de las islas británicas, holandesas y danesas del Caribe, los árabes, los italianos y los chinos, dedicando también un apartado a los inmigrantes individuales alemanes, norteamericanos, franceses, belgas, escoceses y suramericanos.

Roberto Cassá considera el de los árabes o turcos como el más llamativo de estos contingentes por su distribución prácticamente en todo el país, seguido de los puertorriqueños y los españoles, los cubanos, los chinos, “de cierta dimensión numérica y circunscritos a ciertas actividades urbanas”; los cocolos, provenientes de las Islas Vírgenes y otros puntos de las Antillas Menores, y los haitianos, que suplieron el componente rural. Por su parte, José del Castillo los clasifica de conformidad con sus principales líneas de actividad y habla de inmigrantes empresariales, comerciantes (alemanes, italianos, españoles, judíos y árabes), clase media (cubanos y puertorriqueños) y proletarios (cocolos, puertorriqueños y haitianos).

En Santiago, los chinos tuvieron también una presencia numérica reducida. En 1874 se menciona a un chino que se hacía pasar por médico. En 1885 se cita a un tal Isidoro El Chino y en 1887 a Francisco, un chino que construyó un horno para quemar cal del “lado abajo” del fuerte Dios, área que correspondería con certeza a la parte sur de las faldas de este otero, ocupadas por un número innominado de chinos en 1888. Para 1892, estos asiáticos daban nombre a una vía: el Callejón de los Chinos. Según el censo de 1893, apenas había 7 chinos varones.

 

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