INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

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SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO HOY

SÁBADO, 6 DE NOVIEMBRE DEL 2004 

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LOS PROTOCOLOS NOTARIALES EN LA INVESTIGACIÓN GENEALÓGICA

Preparado por Edwin Rafael Espinal Hernández

 

La fuente oral en genealogía es, sin lugar a dudas, la primordial, pero todo investigador respetuoso de su labor debe corroborar, cuando así sea posible, el testimonio oral con el documental. La oportunidad de asegurar la fidelidad de una información por intermedio del testimonio escrito encuentra apoyo en una amplísima variedad de textos. De entre ellos, unos escasamente utilizados pero sumamente importantes, son los protocolos notariales.

Un protocolo se conforma con los actos instrumentados por un notario público entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de cada año, así como también con los documentos anexados a los mismos como comprobantes.

¿Dónde radica la importancia de los protocolos para la Genealogía? Es importante saber que todo acto notarial, de acuerdo a la ley antes mencionada, deberá contener el día, mes y año en que fue escriturado; los nombres, apellidos, nacionalidad, número de cédula de identidad y electoral (o de otro documento destinado a la identificación), calidades, domicilio y residencia de las partes intervinientes, así como de los testigos, cuando su presencia es requerida legalmente. La firma de las partes y los testigos, si es el caso, junto a la del notario, debe aparecer en todas las hojas. En los actos relativos a inmuebles, los notarios deben exigir, conforme la ley, “que los bienes de que se trate sean descritos con tal precisión que no haya lugar a dudas”, expresándose su situación, linderos, nombre o número y medidas superficiales, entre otras consignaciones.

Es indudable que estos requisitos formales constituyen un valioso conjunto de informaciones primarias para un investigador genealógico, pero será la naturaleza misma de los actos la que mayor valor aporta para la tarea de búsqueda de las raíces familiares. En efecto, y fuera de los requisitos señalados, en los protocolos notariales podemos encontrar referencias sobre grados de parentesco, nombres de calles, espacios públicos, materiales constructivos, nombres de padres y cónyuges, edades, ciudades de origen, ocupaciones u oficios, vínculos de coterraneidad, estado civil, fechas de nacimiento y muerte, minoridad o mayoridad de las partes y una inmensa cantidad de variables económicas, sociales, políticas y hasta urbanísticas, que permiten adentrarnos no sólo en la vida de un personaje o una familia, sino también en la de una comunidad y acaso en la de un país, al reflejar hechos históricos de relevancia.

Si fuésemos a agrupar conforme su naturaleza los actos contenidos en los protocolos, podríamos considerar varias categorías, sin ser excluyentes de otras que pudieran pensarse, y que acaso serían las mismas para otros acervos documentales. Serían, a saber: a) operaciones inmobiliarias (ventas, donaciones, daciones en pago, inventarios, permutas, hipotecas, procedimientos ejecutorios); b) operaciones mobiliarias (ventas, inventarios); c) operaciones comerciales (protestos, constitución y disolución de sociedades); d) estado de las personas (aceptaciones de tutela, consejos de familia, reconocimiento de hijos, actos de notoriedad, testamentos). Una quinta categoría abarcaría actos de contenido variado, como serían poderes, declaraciones juradas y depósito o protocolización de documentos.

El material atesorado en los protocolos notariales es variado y rico. Su importancia para la Genealogía se descubre como vital, pues, abarcando las minucias de la Historia Cotidiana, la Pequeña Historia, que es la que particular e inicialmente interesa a todos nosotros, alcanzan la Gran Historia, la Historia Oficial.

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