INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

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SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO HOY

SÁBADO, 17 DE NOVIEMBRE DEL 2007

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FAMILIAS DE PUEBLOS: CONSTANZA (1 de 3)

Preparado por Constancio José Cassá Bernaldo de Quirós

 

A propósito de la celebración del primer centenario del municipio de Constanza el pasado 9 de septiembre, recordamos los apellidos de las familias que fundaron esa laboriosa comunidad que creció al ritmo del lento conocimiento geográfico de la zona, la cual llegó a considerarse por muchos años como un lugar misterioso.

El valle de Constanza, conocido por nuestros aborígenes como Cotohi, está situado en lo que fue la provincia indígena de Caihabo. De acuerdo a la descripción de Pedro Mártir de Anglería sobre la zona, tenía una “populosa” población indígena en la época del Descubrimiento, que fue exterminada tras la llegada de los españoles a la isla.  Posteriormente, el valle se repobló con personas que procedían de la región sur.

Cuando Sir Robert Schomburgk, primer cónsul inglés acreditado en el país, visitó el valle en 1851, reportó que sólo encontró 6 bohíos y que “una sola familia ha residido permanentemente en Constanza durante los últimos dos años”. Añadió que Antonio, uno de los habitantes, le refirió: “yo soy, comenzó diciéndome, nativo de San Juan, cerca de la frontera haitiana. La última guerra entre haitianos y dominicanos me privó de todo lo que tenía y cuando Soulouque se acercó a la frontera de nuevo, resolví volar hacia estas apartadas lomas de Constanza”. Pero cuando el barón Enrique Francisco Alexandro Eggers visitó el valle hacia 1887, reportó que había treinta bohíos, con un total de cien vecinos, mientras que Francisco Gratereaux, jefe del puesto de Constanza, reportó hacia 1896 que allí había cuatrocientos ocho habitantes, lo que significa que la población del valle creció desde 1851 hasta 1887 y que se mantuvo estable desde ese último año hasta final de siglo.

Hacia 1888, los habitantes que se encontraban diseminados por el valle sintieron la necesidad de agruparse y formaron el caserío. Al respecto, José Ramón Abad escribió que en ese año “el caserío de Constanza se halla casi al terminar el llano, en la orilla de los bosques y sobre el arroyo Limón”. Mientras que Juan Ulises García Bonnelly indica que para esa época el caserío tenía diez casas de madera con techo de cana.

Sin embargo, aunque todo indica que hacia fines del siglo XIX había una relación comercial cercana con la región sur, según indica el barón Eggers, “en Constanza… la gente vive de la crianza y el cultivo de frutos menores como frijoles, batata, yuca, maíz y también de su tabaco, que trabajado ya en andullos, transportan al sur de las lomas, por el valle de San Juan”. Al analizar la procedencia de los veinticuatro apellidos registrados en las casi doscientas actas de nacimiento de Constanza de finales del siglo XIX (1873, 1892-1895 y 1895-1900) y que corresponden a familias todavía radicadas allí, se encuentra que un 63% de ellas procedía de la región del Cibao y un 38% de la región sur, lo que implica que, pese a que los primeros pobladores procedían de esa última región, el valle de Constanza fue poblado por personas provenientes, en su mayoría, del Cibao. 

Cabe señalar que esas familias cibaeñas probablemente emigraron a Constanza como consecuencia de momentos difíciles que atravesaba la nación, como la guerra restauradora y los combates que se libraron contra los gobiernos de Buenaventura Báez.  Un ejemplo de esa emigración fue el caso del coronel Rufino Espinosa, nativo de Bánica, quien luego de defender valientemente el gobierno de Báez en la llamada “Revolución de los Pinos”, en Jarabacoa, en 1877, se radicó en Constanza, donde murió.

Con las antes citadas actas de nacimiento y con la colaboración de un jarabacoeño residente en Constanza desde 1930, José A. (Ñañín”) Quezada, quien facilitó un inventario de actas de matrimonios de los años 1900-1920 que transcribió Cirito Durán, se determinó que los niños nacidos a finales del siglo XIX se casaron a la edad promedio de veintidós años (los hombres a los veinticuatro y las mujeres a los diecinueve); que con frecuencia los niños se declaraban tardíamente, y que ochenta y dos niños eran legítimos (41%), ciento dieciséis eran naturales (58%) y tres eran reconocidos (1%), lo que significa que el matrimonio era poco frecuente en esa zona del país.

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