
Movimiento Restaurador
Santiago Rodríguez nació, según se presume, en 1809 en Dajabón,
cuando esta región formaba parte de la colonia francesa de
Saint-Domingue, en la jurisdicción de Fort Liberté, durante la
Era de Francia. Su vida fue impactada por el paso de las tropas
haitianas comandadas por el general Jean Louis Pierrot, que
incendiaron y destruyeron la ciudad de Dajabón en 1844. A raíz
de este desastre, Rodríguez se estableció en la localidad de
Sabaneta, en la región noroeste de la República Dominicana,
donde se vinculó con otros líderes revolucionarios de la época.
No obstante, no parece haber tomado parte activa en la guerra de
Independencia. Fue la anexión de la República Dominicana a
España, en 1861, lo que estimuló su crucial labor en la causa de
la restauración de la independencia nacional.
En 1861, durante la Anexión a España, Santiago Rodríguez ocupaba
el cargo de alcalde constitucional de Sabaneta, posición que
mantuvo a pesar de no estar de acuerdo con el régimen español.
No está claro su papel en la toma de Guayubín y Sabaneta, en la
que muchos de sus compueblanos se sublevaron contra el gobierno
español. Sin embargo, es evidente su participación, ya que tuvo
que escapar y refugiarse en Haití junto a otros compañeros. El
16 de agosto de 1863 regresó al país y fue uno de los líderes
del Grito de Capotillo, el evento que marcó el inicio de la
Guerra de la Restauración. En esta acción estuvo acompañado por
13 revolucionarios: José Cabrera, Benito Monción, Eugenio
Belliard, Segundo Rivas, Alejandro Bueno, Palilo Reyes, Juan de
Mata Monción, San Mézquita, Tomás Aquino Rodríguez, Sotero
Blanc, Juan de la Cruz Álvarez, Juan A. Polanco y Pedro Antonio
Pimentel.
Como muchos grandes personajes de la historia, la vida de
Santiago Rodríguez está rodeada de misterios y leyendas. A
menudo se le atribuye la fundación de Sabaneta, actual capital
de la provincia que lleva su nombre, pero esta afirmación es
incorrecta. La fundación de Sabaneta precede a su nacimiento y
se remonta a la época de los disturbios causados por la
revolución de los esclavos en la colonia francesa de Saint
Domingue. Durante esa época, familias de Dajabón, huyendo de las
atrocidades, se asentaron en las orillas del río Yaguajal, cerca
del antiguo hato El Cercadillo, propiedad de Tomás Contreras,
que existía antes de 1789. Este terreno, conocido como Sabaneta
Novillo o Sabaneta Española, ya contaba con un pequeño caserío.
Para el año 1800, la zona ya disponía de una ermita, como lo
señala Francisco Estévez, jefe de escuadrón y comandante de
armas, quien prestó juramento en 1829 a favor de los vecinos del
partido de Cana, feligreses de la parroquia de San José de las
Matas, para levantar la antigua ermita de Sabaneta. En su
testimonio, indicó:
“Que
conoce la ermita por más de 30 años, que oyó misa en ella varias
veces, y sabe que iban a ella el capellán don José Basarte, fray
Ignacio Albares y el Dr. Pedro Gerardino. Dicha ermita fue
incendiada cuando quedó abandonado aquel partido después de la
irrupción (Invasión de Dessalines, 1805), que el declarante,
como comandante de ese punto, retiró algunas alhajas por estar
abandonado dicho lugar, antes de ser incendiado, y remitió al
sacerdote Pedro Gerardino a La Vega. Habiéndose retirado los
vecinos, los que ahora de nuevo han vuelto a habitar sus
posesiones”. Las actas de defunción de Catalina Jáquez y
Felipa Pilarte en San José de las Matas, fallecidas en 1815 y
1816 respectivamente, fueron enterradas en la ermita de Sabaneta.
Para esa época, el lugar ya era conocido como “el despoblado”.
Por lo tanto, atribuirle a Santiago Rodríguez la fundación de
Sabaneta es una exageración.
Así como se le atribuyen determinados hechos a Santiago
Rodríguez, del mismo modo se le ha restado mérito en otros
aspectos, como su papel durante la Anexión a España y su
participación en la Guerra de la Restauración. En esta última se
ha destacado al general Gregorio Luperón como el líder
principal, aunque Luperón no estuvo involucrado en las primeras
acciones contra el yugo español y solo comenzó a destacarse a
partir de la toma de Santiago en septiembre de 1863.