INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

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SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO HOY

SÁBADO, 6 DE ENERO DEL 2007

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TOPONIMIA Y GENEALOGÍA: INTRODUCCIÓN (1 de 15)

Preparado por Edwin Rafael Espinal Hernández

 

En  1502, siendo gobernador de la isla Nicolás de Ovando, la ciudad de Santo Domingo, originalmente fundada en la margen oriental del río Ozama, fue trasladada a la orilla occidental por razones geográficas, económicas y naturales. Hasta 1586, cuando fue invadida por el corsario Francis Drake, constituía el punto obligado de toda relación con la colonia y el continente, partiendo de ella las expediciones para la conquista de las islas caribeñas, Venezuela, Colombia y Panamá.

Desde el último cuarto del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, la ciudad decreció en población y tamaño y se aisló del resto del nuevo mundo descubierto. En este período, sólo dos asentamientos tuvieron lugar en sus afueras, que con el correr del tiempo serían los primeros poblados en unírsele: San Carlos, al norte, fundado por emigrantes canarios hacia 1685, y Los Mina, al noreste, al cruzar el río Ozama, fundado por negros en 1677, los cuales escapaban de la esclavitud en Saint Domingue. 

Hasta mediados de 1800, la ciudad mantuvo un desarrollo muy pobre, acentuado durante la Ocupación Haitiana. Los años que siguieron a la Independencia en 1844 fueron de relativa calma y generaron su moderada expansión. Casi se llena el área intramuros, San Carlos crece hacia el sur, mientras que hacia el norte, San Lázaro, San Miguel y San Antón se acercan a la muralla. La construcción del ingenio La Francia en 1876, en la margen este del río Ozama, dio origen al asentamiento llamado Pajarito, denominado posteriormente Villa Duarte. A partir de 1890, hacia el suroeste, se construye Ciudad Nueva, mientras que San Carlos se une a la ciudad física y administrativamente en 1910.

Hasta la última década del siglo XIX, la muralla colonial, construida entre los siglos XVI y XVIII, permaneció intacta. Su destrucción a partir de entonces conllevaría paulatinamente la urbanización de las propiedades solariegas fomentadas en el siglo XVIII y ubicadas en el cercano entorno de la ciudad intramuros. El sector más acomodado de la población capitalina, aburrido del ambiente de las casas coloniales, apretujadas en sus calles llenas de tráfico y bullicio, empezaría a transformar sus antiguas estancias en lotificaciones para erigir elegantes residencias rodeadas de grandes jardines y crear así un ambiente más acogedor y humano, en contacto con la naturaleza.

De este modo, las quintas de recreo situadas sobre el camino de Güibia o San Jerónimo y el camino de las cuevas de Santa Ana, al oeste de la Sabana del Estado, en el camino del Esperillón de San Carlos y en los antiguos terrenos de las estancias de  La Generala y de Francisco de Gascue y Oláiz, dieron paso a magníficas residencias para las clases acomodadas y a los primeros espacios residenciales fuera de las murallas: Gascue, La Aguedita, Mis Amores, La Primavera y el Ensanche Lugo.

El mismo proceso se verificó con la demolición de lienzos de la muralla a la altura de los barrios de San Lázaro, San Miguel y Santa Bárbara, al urbanizarse los terrenos al norte de la misma, donde se encontraba ubicada, entre otras, Villa Francisca, estancia de Manuel de Jesús Galván y su esposa Francisca Velásquez, parcelada y convertida en el ensanche del mismo nombre. Al noroeste de Villa Francisca, en los terrenos de la estancia del Alcalde Mayor Galindo Quiñones –donde se cometió la violación y asesinato de tres hijas de don Andrés Andujar en 1822 (las “vírgenes de Galindo”) – surgió Galindo, la primera barriada marginada que tuvo la ciudad.

Las familias Nanita, Pina, Pou, Gautier, Henríquez, Báez, Vicini, Michelena, Peynado, Pellerano y Lluberes y personajes como Mr. Glosing y Juan Alejandro Ibarra, fueron claves en la aparición de las zonas residenciales extramuros, que guardaban notables diferencias con los hábitats de la propia ciudad.

Concomitantemente, la apertura de la avenida Capotillo (hoy Mella) y la modificación de los caminos de Güibia, de las cuevas de Santa Ana y de Gascue en las actuales vías Independencia, César Nicolás Penson y Bolívar, respectivamente, constituyeron obras públicas fundamentales que permitieron su consolidación. Posteriormente, la construcción del hipódromo La Primavera, la Receptoría de Aduanas, las avenidas George Washington, Fabré Geffrard (hoy Abraham Lincoln), Máximo Gómez y San Martín, la estancia Ramfis, el aeropuerto General Andrews, el palacio de la Nunciatura Apostólica, el hotel Jaragua y el Jardín Zoológico, los modernizarían y romperían, simbólicamente, con el cambio de la trama urbana, el poder de lilisistas, caceristas y horacistas. 

Las suntuosas casas de Gascue –correcta ortografía de este sector y no Gazcue, por ser esta la forma del apellido del propietario de la estancia que le dio nombre– y sus ensanches periféricos, lo mismo que  las viviendas para clase media en Villa Francisca, fueron barridas por el ciclón de San Zenón, en 1930, dando paso a un nuevo de tipo de arquitectura, que tuvo en Gascue sus mejores ejemplos, pocos de los cuales perviven. 

A partir de 1931, después de la destrucción causada por el ciclón, se construyen los barrios de Villa Juana y Villa Consuelo, al noroeste, como una continuación de Villa Francisca y con las mismas características de grupo social y estructura urbana. Durante la etapa de consolidación de la Era de Trujillo, la zona norte de la ciudad empezó a aglutinar las primeras grandes industrias y con ellas a la clase obrera empleada en las mismas, que fue beneficiada con proyectos como el Barrio Obrero y el Barrio de Mejoramiento Social. En la época de la posguerra, aunque Trujillo concentraba la propiedad de la mayor parte de las tierras urbanas y suburbanas de Santo Domingo, algunos particulares desarrollaron proyectos que darían origen a nuevos núcleos de expansión, como los Ensanches Piantini y Evaristo Morales al noroeste y Alma Rosa, al otro lado del Ozama. Este último pasó a integrarse a otros espacios configurados décadas atrás, como el Ensanche Molinuevo.

En esta serie de 15 entregas, abordaremos desde la óptica genealógica y a través del conocimiento del surgimiento y evolución de los diversos enclaves mencionados, dos etapas del proceso de expansión urbana experimentado por la ciudad de Santo Domingo: la primera, verificada entre 1890 y 1930, a partir de la transformación de sus viejos caminos, estancias y terrenos, y la segunda, surgida al amparo de las intervenciones realizadas entre 1930 y 1961, durante la Era de Trujillo. Dos períodos de cambios en cuyo impulso participaron los más rancios grupos de la élite capitalina.

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