INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

en

Emigración de dominicanos

SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO Hoy

SÁBADO, 9 DE FEBRERO DEL 2013

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ORIGEN DE LA GENEALOGÍA DOMINICANA (5 de 7)

Preparado por Julio Amable González Hernández

 

 

Continuamos reproduciendo la introducción de la obra “Familias Hispanoamericanas” del historiador Emilio Rodríguez Demorizi, publicada en 1959. En este segmento el autor entra en consideraciones migratorias y demográficas las cuales fueron esenciales para la formación de la nación dominicana y su genealogía:

 

“El constante movimiento migratorio de la Isla, azotada de continuo por sus inacabables vicisitudes, creó el problema de la despoblación y como reacción inmediata el permanente empeño de repoblarla con elementos de las mejores calidades. Toda una larga serie de memoriales, dirigidos al Rey, a veces en forma por demás patética, le llevan los multiplicados arbitrios encaminados al noble fin del fortalecimiento de la población dominicana, ya gravemente amenazada por los colonos franceses establecidos en la parte occidental de la Isla. De modo que el propósito de la repoblación tenía un doble objeto: el del fomento y riqueza de la Colonia y particularmente el de su perentoria defensa contra el creciente auge de la posesión francesa, origen de la malaventurada dualidad étnica y política de la Isla.

 

Entre los arbitristas de los tiempos coloniales, entre las autoridades preocupadas por la repoblación de La Española, fue el Licenciado Fernando José de Haro y Monterroso, en sus Medios propuestos para poblar la Isla de Santo Domingo, número y calidades de las familias, escrito en 1699, el más certero en la distinción entre la nobleza y la plebe. Al mérito de sus ideas se añade el elegante estilo. Para la población de la Isla rechazaba él a las personas de condición ínfima, porque, según su bella frase, no tenía por “conveniente desautorizar a la progenitora de las Indias”. Más fácil, decía, “es la población de nobles que la de plebeyos: por nobles tengo ahora a los que son capaces de los cargos… La plebe ha de componerse de maestros, oficiales y labradores”.

 

La voz de Haro y Monterroso quedó en el desierto y así la Isla fue perdiendo lo mejor de su población, como consta en una carta de Rocha del 17 de diciembre de 1728: “despoblación de la Isla, pocas familias nobles, y por eso pocas personas para primeros empleos en oficios de república, principalmente habiendo tantos extranjeros franceses que los pretenden, y que por su inmediación a las fronteras se harían o hacen sospechosos, y tan fácil es que se extingan las familias nobles del país, siendo muchos muy pobres, e inclinando a sus hijos a la Iglesia, y pidiendo familias españolas que perpetúen el solar español en la Isla, y no entren en oficios sujetos indignos, y que se pueda elegir en alcalde ordinario a un regidor, y que ha reducido el número de los registros por la miseria del país al número de seis, los cuales recibieron el oficio contra su voluntad y precisados por el Gobierno, por la escasez de sus salarios”.

 

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