INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC.

Cápsulas Genealógicas

 

SECCIÓN SABATINA DEL DIARIO Hoy

SÁBADO, 12 DE AGOSTO DEL 2017

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LAS VICTIMAS FATALES  DEL TERREMOTO DE 1673

Preparado por Joan Manuel Ferrer Rodríguez

 

En la mañana del martes 9 de mayo de 1673, luego de completada la hora de laudes y a poco de haber iniciado los cantos y rezos correspondientes a la de prima (o sea, entre 6 y 7 de la mañana), la capital de la Española fue sacudida por un violento seísmo, de posible grado VIII en la escala Mercalli, que produjo destrozos severos y de consideración tanto en recintos religiosos, edificios administrativos y estructuras defensivas como en casas de particulares. Según algunos de los documentos y testimonios levantados al efecto, el fenómeno incluso “destruyó las yucas de que se hase el cazave que es el pan de aquella tierra y todos los platanales de que sustenta el gentío de la isla y mucho número de arboles pequeños de cacao que hera en lo que los naturales tenían puestas sus esperanzas de remedio (Peña Pérez, Frank. Cien años de miseria en Santo Domingo. Editorial CENAPEC, 1986. pág. 183).

Ahora bien, aun cuando esas mismas cartas y crónicas contabilizan un total de 24 víctimas fatales, los registros parroquiales solamente dan cuenta del deceso de ocho individuos. El evento de marras aparece incluso mencionado en una nota muy escueta inserta en el folio 68 vuelto del primer libro de óbitos (1666-1701) de la Catedral de Santo Domingo que reza: “este dia nuebe que fue el de terremoto se dio permisión para enterrar los espresos del adonde recibiesen mejor conveniencia como se hizo en el hospital se llebaron tres de S. Nicolas, en S. Clara dos los que les [roto] enterraron por sus administradores.

El efecto de la conmoción en la minúscula sociedad insular ha de haber sido considerable. Por lo que se refiere a las víctimas, a continuación los datos extraídos del volumen de referencia:

Juana de Betancor: Aunque su apellido apunta hacia un posible origen canario, lamentablemente no disponemos de noticias sobre su lugar de procedencia ni sobre el nombre de sus progenitores. Tan solo sabemos que fue una de las personas que expiró durante el cataclismo y recibió posterior sepultura en el convento de la Tercera Orden de San Francisco. Presumimos, sin embargo, que podría tratarse de la esposa de Antonio de Sequeda y que, en tal virtud, dejó en la orfandad a Antonio Francisco, Ana y  Francisca de San Juan Sequeda Betancor.

Sebastiana de Urraca: Había sido bautizada en 11 días del mes de febrero de 1594. Se trata de la primera de cuatro hermanas le siguieron, en orden cronológico, Luisa, Magdalena y Juana,  hijas todas del matrimonio conformado por Juan Pérez de Urraca, procurador de causas, procurador de pobres, tasador y repartidor de la Real Audiencia de Santo Domingo y de doña Juana de Ojeda. Fallecieron, junto a ella, un sobrino y dos esclavos, cuyos nombres no se especifican en la partida levantada al efecto. Los restos de estos cuatro difuntos fueron depositados en el convento de Santo Domingo.

Juana de Bastidas: De rancia estirpe criolla, hija del capitán don Rodrigo de Bastidas Peñalosa y de doña Mariana de Ávila Benavides, recibió las aguas bautismales el 13 de diciembre de 1636. Sus despojos mortales fueron inhumados en la Catedral, por lo que presumimos que se les asignó como lugar de última morada la capilla familiar en la que reposaban los despojos de los demás miembros del clan.

Christóval de Robles: También enterrado en la Catedral.

Finalmente, la relación de occisos la cierra Ana del Rosario, cuyos restos fueron depositados en el monasterio de la Madre de Dios, conocido en la actualidad como iglesia de las Mercedes.

 

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